busco que en la soledad
me bañe un río impecable, sus aguas sin
algún recuerdo que sea como un clavo
busco nada solitario
busco que en la soledad
me bañe un río impecable, sus aguas sin
algún recuerdo que sea como un clavo
busco nada solitario
Ella me manda hacer un palíndromo
sin flores ciervos ni esmeraldas de oro
le entrego uno que en mí ya siento romo
si bien no ve si en ello me demoro
quería escribir algo interesante y ligero, pero en lugar me perdí buscando y leyendo vainas de o sobre, mi amigo, dfw. ciertamente, él es pertenece a esa clase de escritores ideados por Holden Caufield a quienes nos gustaría llamar por teléfono mientras leemos algo de ellos.
Painting Myself Into a Corner by Keith Haring, 1979.
(Source: freecocaine, via atavus)
un aviso desteñido fijado en un poste de cemento anuncia la tercera venida de Cristo. “Vendré, saludes, JC.” -declara el manuscrito. al verlo anna se rio, pero fue un reacción en la que no hubo ninguna asociación interna, o una burla, o una afinidad con el estilo casual del presunto JC que firmaba. siguió el camino hasta su casa, ubicada a unas pocas cuadras del poste ominoso. un sol que en su aterdecer se definía en HD en el horizonte no lograba calentar las mejillas de anna en el frío del ocaso. una luna se cernía, sólida pero erosionada, un desierto lechoso, justo arriba del sol. anna no se fijó ni en el sol ni en la luna y sólo al estar acostada en su cama mirando el techo de su alcoba en la oscuridad púrpura de la tarde reconoció como respuesta automática su risa ante el aviso del poste.
al día siguiente alguien tocaba la puerta. anna, recién levantada por el timbre tuvo que bajar a abrir pues ya todos, padres y hermanos, habían largado hacia el lugar de sus ocupaciones. no no era cristo, lector. anna afortunadamente tampoco lo creyó, sólo retiró con calma las cobijas, una negra, la primera y la otra blanca, movió sus dedos sobre el tapete, pasó su lengua por sus labios saboreando la película salivar en ellos, bajó las escaleras y en el rellano observó el reflejo de su gato en el espejo, reconoció que el gato otra vez estaba en el zarzo y finalmente abrió la puerta. una corriente fría, agradable de aire se coló entre sus pijamas, una tenue cosquilla respingó sus pezones y afuera nadie, sólo la risa sin dueño de alguien que corría hacia la profundidad del parque.
“We decided to stop drinking and spend Sunday at the zoo. It was going nicely until she worked herself up over the observation that it was a horrible thing to cage the animals.
“‘That’s not very profound,’ I said, ‘everybody who goes to the zoo feels that sometime.’
“‘Oh, you cruel bastard,’ she screamed, ‘I’m not everybody!’
“She bellied over the guard rail and flung herself against the bars of the wolves’ cage.
“Three wolves had been circling and as soon as she touched the bar they froze, fur bristling along their spines.
“She had her arms stuck in between the bars up to her shoulders and as much of her face as she could wedge in yelling, ‘Eat me! Eat me!’ to the wolves.”
—Stuart Dybek, “Sunday at the Zoo”
Photography Still from Jean Cocteau’s Testament of Orpehus via 50 Watts
“An amazing thing happened to me: I suddenly forgot which came first, seven or eight.”
—Daniil Kharms, from “Incidents”
Photograph Credit Reanimation Library